AITOR ESNAL

cabecera_cocina

Desde mi infancia he vivido inmerso en la creatividad artesana y el gusto por la cocina. El oficio de ebanista de mi padre, la dedicación a la cocina de mi  abuela y el buen hacer culinario de mi madre confluyeron en una pasión que he convertido en mi modo de vida: la gastronomía.

He tenido la gran suerte de formarme con los más grandes. La escuela de cocina de Luis Irizar fue el inicio, a los que han seguido masters, cursos y estancias en lugares como el Basque Culinary Center, los restaurantes de Arzak, Miramón (Jose Mari Arbelaitz) y Martín Berasategui especializándome con Paco Roncero y Tony Botella.

Logroño fue la ciudad que vio nacer en 2007 uno de mis sueños: el restaurante Marinee. Allí, en el caso antiguo de la capital riojana, todos descubrieron mi cocina y mi cuidado gusto por la materia prima y por el sabor auténtico. Pero mi carácter inquieto y curioso me llevó una vez más seguir el camino trazado ya en mi infancia: en 2014 abro Wine Fandango. Un restaurante que es la prolongación de este sueño y que capitaneo con gusto y dedicación absoluta desde entonces.

Nunca descanso en seguir buscando nuevas ideas con las que sentirme pleno en mi relación con la cocina y la gastronomía. El restaurante Le Naturel de Bodegas Aroa, en Zurukoain, Navarra, fue buena prueba de ello durante varios años y en paralelo al discurrir de Wine Fandango.

No busco especializarme en un tipo de cocina. Considero que un buen cocinero lo es en todos sus ámbitos. Soy un devoto del arte de la pastelería, pero también de técnicas como la parrilla, haciendo que mi cocina sea ecléctica pero con una máxima: el sabor.

Investigo e indago el origen de cada producto que entra en mi cocina, transformándolo con mis propias manos, consiguiendo crear un plato que permita a quien lo deguste disfrutar tanto como yo cuando lo preparo.

Mi archivo gastronómico de texturas y sabores, pero también sentimientos, me lleva a un punto creativo que busca la sorpresa. No dejo de lado la cocina tradicional, aquellos platos que despiertan recuerdos sólo con los olores. El sabor a mar, la huerta de la infancia, la gama de colores de los productos en el mercado… todo evoca a una vida entre fogones.